Las prácticas son el conjunto de técnicas diseñadas para lograr el propósito de liberar los obstáculos que impiden el completo desarrollo del ser humano en su paso por el mundo.

En el Tao se entiende al ser humano como un todo, en donde cada parte está íntimamente relacionada con las demás y por tanto cualquier cambio que se haga en un lugar afecta al resto. Cada aspecto del ser humano tiene sus prácticas específicas que ayudan a potenciar sus cualidades y superar sus limitaciones.

Para facilitar la comprensión, hemos dividido las prácticas en función de la parte que más trabajan no obstante no hay que olvidar que no están limitadas a esa parte sino que es desde esa parte desde donde incide en el conjunto de la persona.

Así, las prácticas que se enfocan especialmente en la salud y la vitalidad son aquellas que trabajan el cuerpo físico y el energético, como el chikung, el taichi, las prácticas sexuales, la respiración de huesos, el masaje chi nei tsang y la órbita microcósmica.

Las prácticas que ayudan a administrar cómo nos sentimos, es decir a trabajar las emociones: los sonidos curativos, la armonización de los 5 elementos, la integridad psíquica, y sanar emociones heredadas de nuestra línea ancestral.

Prácticas específicas para la mente y la conciencia, que es donde empieza todo: los pensamientos, ideas y puntos de vista, la capacidad de detener el discurrir automático de pensamientos, liberarse de las ideas tóxicas o limitantes (como por ejemplo, “¡estamos en crisis!”), la capacidad de concentrarse, de aumentar el foco de atención, y muy especialmente la continuidad de conciencia: los mantras, el yoga de los sueños, el despertar al guía interno y el yoga del peregrinaje.

Y finalmente la guía que ayuda a integrar todos estas prácticas en la vida cotidiana, el I Ching o libro de los cambios.