Cada vez que nos dormimos entramos en un proceso de gran importancia. Nuestra conciencia individual que está focalizada en el cuerpo físico durante las horas de vigilia, se desconecta de él y adquiere plena actividad a través del cuerpo sutil. 

En términos psicológicos, el foco de la atención abandona la conciencia ordinaria en la que operamos durante la vigilia para sumergirse hacia el inconsciente. Este desplazamiento nos ofrece oportunidades de magnitud inimaginable a simple vista.

 

En el sueño los límites desaparecen. La personas que somos, la máscara que llevamos puesta durante el día, se disuelve y nos encontramos desnudos ante nosotros mismos. Aparece sin engaño la realidad de lo que somos, el punto exacto en el que nos encontramos. Este es el primer paso de la Yoga de los Sueños, establecer un mapa por el que empezamos a caminar hacia una mayor claridad y comprensión de la mente.

El siguiente paso de la Yoga de los Sueños es tomar las riendas de la mente. Dejar de ser un actor pasivo, alguien al que le ocurren cosas que no puede controlar, para recuperar la capacidad de dirigir la experiencia en la dirección más adecuada. Este entrenamiento durante el sueño, en el que las posibilidades son infinitas, nos revela de manera dirécta todos los secretos contenidos en lo que en diferentes escuelas se ha llamado el inconsciente colectivo, la mente original o la consciencia universal.

El dormir y el soñar es un regalo otorgado por el Universo que nos da la oportunidad cada noche cuando nos acostamos y en cada siesta que hagamos, de redescubrir quienes somos. Y las Yogas de los Sueños, que se han practicado en todas las culturas del mundo a través de los siglos, nos proporcionan los instrumentos de navegación para que no nos perdamos en este maravilloso viaje de regreso al centro mismo de la conciencia.