Las emociones y la sexualidad en el Tao

Un hombre iba por la calle y se encontró a un conocido que hacía tiempo que no veía.

— Hola, ¿como estás? — preguntó.

— Bien.

Es lo que solemos responder cuando nos hacen la misma pregunta. Pero, ¿qué significa estar bien?Podríamos aventurarnos a decir que uno esta bien cuando no se encuentra mal, pero lo único que haríamos es revertir la pregunta, aunque esto último quizás nos pueda ayudar como punto de partida.

Precisamente cuando estamos mal es cuando nos cuestionamos las cosas. ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué a mi? ¿Por qué ahora?

En el I Ching, el Libro de los Cambios, es lo que se llama “la dificultad inicial”. Esa dificultad que hace pararnos, detener la inercia con la que vivimos y plantearnos la existencia.

Empecemos con la tercera pregunta, “¿por qué ahora?”

Ahora es cuando está disponible para nosotros todo el potencial que tenemos. Cuando decimos “antes” estamos tratando con una idea. Los recuerdos son ideas, construcciones mentales, pero no tienen existencia propia más allá de la memoria. Cuando decimos “luego”, otra vez se tratan de ideas, en este caso de fantasías e imaginaciones proyectadas en nuestro cine personal que llamamos mente.

La energía y la vitalidad de nuestro cuerpo está en el presente, en este momento exacto. Ni antes ni después. Por tanto es en el presente donde podemos actuar, en donde se encuentra la posibilidad del cambio. ¿Y cómo me sitúo en el presente? ¿Cómo hago para que mis pensamientos no divaguen con lo que ocurrió o lo que debería suceder?

Con el sentir. En el momento que estamos atentos a nuestra percepciones, a los mensajes de nuestros sentidos, ahí, justo ahí, estamos en el ahora. Esa es la primera práctica del sistema taoísta. Es la habilidad que se desarrolla con la Sonrisa Interior.

La segunda pregunta que nos formulamos, “¿por qué a mi?”

Ahora que estamos sintiendo, que nos situamos en nosotros mismos, ¿tiene sentido esa pregunta?

A menos que el sentido sea rechazar la situación. No queremos experimentar esa situación, pero la estamos experimentando. Preguntarse por qué nos retrotrae al pasado, pero el pasado no está disponible al cambio. La pregunta contiene el deseo del cambio. Entonces, ¿no sería más eficaz preguntarse “cómo”, en lugar de “por qué”? ¿Como puedo cambiar esto?

El potencial de cambiar las cosas, como hemos visto, está en el presente. Ahí es donde podemos aplicar las acciones necesarias para transformar nuestro malestar.

Los sonidos curativos nos proporcionan la primera herramienta de cambio. Empezando por lo que tenemos más cerca, nuestro propio cuerpo. A través del cuerpo experimentamos los dolores, la fatiga y las emociones.

Un antiguo dicho de la medicina china reza: “Cuando el cuerpo está íntegro y en armonía la enfermedad no tiene por donde entrar”. Los Sonidos Curativos tienen el potencial de restablecer la armonía de sus elementos.

La primera pregunta que nos hicimos fue, ¿por qué me pasa esto?

La trampa que tiene el preguntarse “por qué” es que nos provoca buscar la respuesta nuevamente en el pasado. Pero si el malestar esta ocurriendo ahora quiere decir que la causa sigue activa en el presente. Así, el practicante evita especular y simplifica las cosas.

La apertura de la Pequeña Circulación Celeste proporciona un nivel ulterior de sutileza a la hora de investigar y transformar lo que está ocurriendo en nosotros. Ahora la atención se enfoca más allá de la evidencia del cuerpo físico para contactar la energía que lo recorre: la fuerza vital.

La fuerza vital está supuesta a circular libremente por el sistema de meridianos. Cualquier obstáculo a este fluir se traduce en algún tipo de problema, que afecta directamente a nuestro bienestar.

Pero volvamos a la pregunta original, ¿qué significa estar bien?

Estar sano podría traducirse por “estar bien”. Tener una buena vitalidad, estar en forma, puede ser un buen comienzo. La práctica del qi gong es un buen método para esto, combinado con las anteriormente descritas. Pero imaginemos un momento que estamos caminando por el campo, en medio de un bonito paraje y después de haber hecho unos excelentes ejercicios de qi gong. Nos sentimos fenomenal, respirando aire puro, con buena vitalidad. Y de repente, tropezamos con algo. ¡Un obstáculo! Pero es nuestro día de suerte y resulta que con lo que hemos topado es con una vieja lámpara. Está bastante sucia, así que la frotamos un poco para sacarle brillo. Y claro, como en el mundo de la fantasía siempre ocurre cuando uno frota una lámpara sale de la misma un genio. Y el genio nos dice que pidamos un deseo.

¿Qué deseo podría pedir?

Detengase a pensarlo por un momento. Piense en un buen deseo.

¿Ya lo pensó?¿Seguro que quiere eso? Deténgase a pensarlo de nuevo. Investigue en su corazón.

Ahora, vamos a dejar a un lado lo que deseó y vamos a centrarnos en la energía que le proporcionó solamente la idea de desear. Quizás surgieron muchos deseos o pocos deseos pero con mucha intensidad, el caso es que una energía adicional, como una inyección de vitalidad estuvo presente mientras deseaba. ¿Lo notó? Esa vitalidad extra proviene de una fuente concreta: la energía sexual.

La energía sexual está muy ligada al deseo y al rechazo, y la manera de administrarla causa placer o malestar, vitalidad o desgaste. En sentido descendente tiene el potencial de crear una nueva vida, y en sentido ascendente se transforma en mayor caudal energético con posibilidades infinitas.

Se dice que la energía sexual, cuando se preserva por medio de las prácticas taoístas, se transforma en fuerza vital (qi) y luego la fuerza vital se transforma en espíritu (shen). Pero esto no es un proceso mecánico, requiere unas condiciones adecuadas y un esmero especial por parte del practicante para que se abra esa posibilidad.

Un aumento de la vitalidad, sea por medio del qi gong como por las prácticas sexuales provoca un aumento de todo lo que tengamos dentro. Si somos personas irritables, un aumento de energía nos va a suministrar más vigor para encolerizarnos. Si tendemos a estar triste ese aumento nos llevará fácilmente a las puertas de la depresión. Poniendo un símil, es como aumentar el sonido de nuestro equipo de música: no cambia lo que suena, solo se oye más fuerte. Si suena Vivaldi, sonará como una bonita orquesta en un gran teatro. Si suena un grupo de punk rock aficionado con las guitarras desafinadas, el ruido será estruendoso.

Por eso es esencial trabajar con las emociones. Si las emociones son armoniosas, esa armonía sienta las bases para la elevación del espíritu. Si hay un desequilibrio, estaremos fomentando un desequilibrio mayor, lo cual es muy poco conveniente.

Dada la importancia del trabajo con las emociones, ya en el nivel de los sonidos curativos se empieza a regularlas. Es lo mínimo para poder empezar a trabajar la energía sexual sin riesgos.

Más adelante, con la practica de Armonizar los Cinco Elementos, la tarea con las emociones se refina. Se profundiza más allá de las emociones inmediatas, aquellas que percibimos de manera consciente para bucear más allá, en el inconsciente. Liberando y reciclando emociones que se encuentran en lo profundo, algunas heredadas de la línea ancestral.

La energía liberada se refina, en un proceso de alquimia interna la transforma en espíritu. Esto se traduce en una mente más clara y penetrante y en nuevos niveles de bienestar.

Y ahí es donde queríamos llegar. Estar bien no es un valor fijo.

Lo que llamamos ordinariamente “estar bien” es la base para estados ulteriores de ventura.

Las prácticas sexuales, guiadas de esta manera son capaces de suministrar una excelente base de apoyo para realizar nuestra naturaleza más íntima. Los consejos del I Ching proporcionan el manual de instrucciones que facilita la comprensión de los procesos internos que se llevan a cabo. El Pequeño Círculo Celeste reparte los beneficios a todos los rincones de nuestra estructura. Los Sonidos Curativos y la Armonización de los Cinco Elementos resultan en una mayor comprensión del funcionamiento de las emociones y son el instrumento que nos ayuda a no ser víctimas de las mismas, sino más bien al contrario, tomamos las riendas y a su vez los obstáculos que presentan se tornan en fuente de sabiduría.

Este es el legado que dejaron los maestros taoístas de la antigüedad y que, generación tras generación ha llegado a nuestros días. Un tesoro disponible para que podamos vencer las dificultades que la vida nos presenta para superarnos. Y lo mejor de todo, el secreto que se descubre con la experiencia que conceden las prácticas, es que con nosotros cambia también la calidad de nuestra vida.

Artículo escrito por Adriano Angelo para y publicado por la revista “Somos”, Chile.

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