Uno de los ocho principios del trabajo energético es aprender a completar aquello que se empieza. Acabar lo que se ha empezado es importante, pues cada vez que comenzamos algo ponemos en marcha un ciclo energético que busca completarse. Si un ciclo queda incompleto, la energía que sostiene ese ciclo no es liberada y al no estar disponible disminuye nuestro nivel de vitalidad.

Aquellas situaciones de nuestro pasado que han quedado inconclusas son ciclos que acaparan una gran cantidad de energía. La suficiente como para no tener éxito en cualquier cosa que emprendamos.

  La capacidad de establecer un objetivo, mantenerlo y llevarlo a buen puerto depende de la eficacia de la conexión entre el flujo de las energías del cielo y la tierra y nuestro sistema energético. Las emociones negativas son como limitadores de velocidad que frenan la circulación de nuestra fuerza vital. El primer paso para Armonizar los Cinco Elementos nos permite transformar las emociones negativas y concluir los ciclos que están pendientes para abrir nuestro sistema energético al infinito flujo de energía del universo.

  Todo aquello que nos proponemos hacer no se realiza acumulando energía, sino que se cumple permitiendo que el océano infinito de la fuerza vital fluya por nosotros y se oriente en la dirección que hemos elegido.

  La capacidad de ahondar en nuestro pasado y de perseverar en la resolución de viejos asuntos se ve posibilitada por todo lo que hemos puesto en movimiento con las prácticas de base y por el nivel de integridad personal que se va desarrollando. En la práctica Armonizar los Cinco Elementos  se desarrolla un fuerte sentimiento de estabilidad e integridad interior; Es decir, no afecta el torbellino mundano. Esto se manifiesta como un sentido del yo suficientemente fuerte capaz de liberar obstáculos y superar dificultades sin caer en el sentimiento de lástima o de víctima de las circumstancias. Sin un yo suficientemente estructurado, el proceso de transformación no se logra con consistencia y regularidad.

 En el segundo nivel de esta práctica, nutrimos y potenciamos las emociones positivas que provienen de los distintos órganos. Lo que hacemos es combinar de manera consciente este tipo de altas frecuencias en una sola: la energía de la compasión pura. A partir de entonces hacemos circular esta alta frecuencia a través del sistema de meridianos de manera que aumente el nivel vibratorio de todo el sistema energético. Al principio, estos estados positivos se experimentan por breves lapsos de tiempo, y luego retornamos progresivamente a nuestro estado de conciencia habitual. Sin embargo, la práctica regular hace que el sistema energético empiece a transformarse y que acabe por estabilizar la nueva frecuencia de la práctica. Como consecuencia, se produce un giro en nuestra conciencia y un cambio cualitativo en nuestra relación con los demás, con nosotros mismos, y con el universo. Asimismo, alcanzamos un nuevo grado de salud física, emocional y mental. La energía de la compasión es empleada para elevar la frecuencia del canal central y de los canales de apoyo que lo circundan. El trabajo a este nivel sienta las bases del ingrediente alquímico adecuado para las prácticas superiores del Fuego y el Agua.